Entre irritados y contrariados, ese viernes, ya entrada la noche, los abogados abandonaron el lujoso apartamento de la zona 10 que sirvió como centro de reunión. El causante de ese enojo había sido un tipo alto, carotón y de ojos claros, a quien con mucha familiaridad el Secretario Privado del presidente Otto Pérez y la jefa de la Defensoría Pública, Blanca Stalling, se referían como Gato.
El Gato, anfitrión del cónclave, había presidido la reunión, y fue su modo gritón, prepotente y maleducado lo que molestó a los profesionales. Varios manifestaron estar aún más ofendidos porque “ese tipo ni abogado es”.